
En muchos discursos del Buddha se lo menciona como «maestro de hombres y devas». Si bien es cierto que fue un ser humano como cualquiera de nosotros, lo que realizó dista mucho del desarrollo habitual de un ser humano. Por eso decimos que el sendero buddhista es un sendero supramundano. Pero ¿qué significa realmente eso? ¿Qué realiza un Buddha?
En la actualidad existe cierta tendencia a adaptar las enseñanzas a la propia condición. Quienes se identifican más con una comprensión psicológica las adoptan como una especie de psicoterapia o como un medio para cultivar la mente y mejorar la vida. Quienes son más reacios a la práctica y afines al análisis intelectual las abordan como una filosofía. Aquellos que buscan trabajar problemáticas cotidianas las asumen como un estilo de vida. Y quienes necesitan un soporte más amplio las viven como una religión.
Si bien estas adaptaciones no son incorrectas, es importante aclarar que no representan la enseñanza del Buddha en su totalidad, sino aspectos parciales de un rompecabezas mucho más amplio. Aunque no conectemos con todas las piezas, no dejan de formar parte del conjunto. El Buddha llevó una vida de mendicante y renunciante: no se limitó a vivir bien en el plano mundano ni a las condiciones de la vida presente. Comprendió que la mente trasciende la experiencia inmediata y que el sufrimiento se extiende más allá del ámbito humano.
Aunque nos resulte difícil comprender todo lo que el Buddha realizó, contamos con mapas orientativos que nos muestran la profundidad de su desarrollo mental. En el discurso DN 2 podemos encontrar sus enseñanzas organizadas como un entrenamiento gradual:
DN 2 – Los frutos de la vida contemplativa
1- Escuchar el Dhamma – fe
2- Renuncia – desencanto
3- Patrones morales – purificación de las acciones
4- Protección de los sentidos – no caer en la tentación
5- Atención y clara comprensión
6- Contentamiento
7- Reclusión
8- Abandono de los cinco impedimentos
9- Jhānas o absorciones meditativas (1–4)
10- Conocimiento y visión
11- Creación del cuerpo mental
12- Habilidades supranormales
13- Oído divino
14- Conocimiento de la mente de los demás
15- Recuerdo de vidas pasadas
16- Ojo divino: ver a los seres morir y reaparecer según su kamma
17- Destrucción de las impurezas (āsavas)
Los seis primeros pasos del entrenamiento gradual corresponden a frutos que se obtienen en esta vida: mejoran las condiciones mentales del practicante y permiten un estilo de vida armonioso y beneficioso para los demás. Sin embargo, siguen siendo mundanos, ya que si uno se detiene allí la mente no ha sido completamente purificada ni liberada del apego, la aversión y la confusión.
Del paso 7 al 17 entramos en un desarrollo más profundo de la mente. Esto requiere un entrenamiento continuo y sistemático de la práctica meditativa en todos los aspectos de la vida, así como espacios y momentos específicos para que la mente se retire de los estímulos sensoriales y pueda sumergirse plenamente en el cultivo mental.
Los pasos del 11 al 16 son cualidades que surgen de manera natural en el proceso introspectivo. No son metas en sí mismas: uno no se sienta a meditar con la intención de obtenerlas. A medida que la mente se vuelve más unificada, estable y desapegada de los estímulos sensoriales, estas capacidades maduran progresivamente. El Buddha enfatiza que no deben asumirse como realizaciones finales, ya que por sí solas no liberan del sufrimiento y el apego a ellas puede incluso generar nuevas formas de aflicción.
Solo mediante el desarrollo completo del camino se llega al paso 17, donde ocurre la erradicación final de todas las impurezas y aflicciones mentales. No es algo fácil ni inmediato, pero revela la profundidad del desarrollo mental al que apunta el sendero buddhista y muestra que el objetivo del practicante no se limita a las condiciones de la vida presente.
